lunes, 4 de enero de 2021

Novedades · n.º 114 · enero-febrero de 2021

 

La única ciudad en el mundo

relato (02.01.2021)

relato por Víctor Parra Avellaneda
      No puedo evitar recordar la vez en que Sara y yo fuimos a la playa, comimos ceviche de camarón y jugamos en la orilla del mar. Extraño mucho sentir mis pies descalzos sobre la arena mientras son acariciados por el oleaje, provocándome cosquillas, algo que aquí, en la monstruosa ciudad de Guadalajara, es imposible de experimentar. Aquí no hay playa ni arena, solo pavimento, ardiente al medio día, y un aire con sabor a metal y que reseca mi garganta. Pero el día en que fui a visitar a Sara el aire no olía a metal ni me lastimaba, era como si la playa estuviera escondida frente a mis ojos, sin poder verla. Posiblemente eran los efectos de recordar esa salida.
      Tomo el tren ligero en la estación. Había bastantes lugares disponibles, pero no me senté en ninguno, en vez de eso me recargué en una de las puertas corredizas que tienen grandes ventanas y por donde es posible ver el exterior. A mí me gustan los sitios con ventanas y en cualquier transporte procuro irme sentada en un asiento con vista hacia afuera. Me gusta ver cómo se mueve y se transforma el paisaje frente a mis ojos, saber que lo que estoy viendo es único y jamás volverá a repetirse. También me gusta pensar que cuando hago esto, mirar, en realidad contemplo una parte del tiempo y del mundo que está siempre en peligro de extinción, porque, para mí eso es el presente, un instante que se evapora y nunca regresa. Por eso conservo con gran recelo mis recuerdos, en especial el de la playa con Sara; porque ese ceviche, el agua, la arena, el sol e incluso nosotras, las de aquel día, dejamos de existir, fuimos erosionadas por el viento del tiempo que avanza interminablemente. [...]

 Del relato La única ciudad en el mundo, por Víctor Parra Avellaneda.

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Cantares de flores nuevas

reseña literaria (03.01.2021)

reseña del poemario de Antonio García Velasco, por Ana Herrera Barba
      Cantares de flores nuevas es un libro de poesía que nace de las estrofas populares para adentrarse en una temática moderna. Su autor, doctor en Filología Hispánica y escritor polifacético, es Antonio García Velasco. Comienza la primera selección con un conjunto de haikus que muestran la opinión crítica de García Velasco sobre el uso de la tecnología, en concreto, la telefonía de móviles y sus incidencias sobre la vida cotidiana. Como el propio autor lo define, «el haiku se ha de escribir sin rima, con versos en minúscula, sin título y con solo 17 sílabas: 5-7-5, sin signos de puntuación, en enunciados similares a los del habla». En una cita de autoridad, que aparece en la introducción a este apartado, y que pertenece a H. G. Henderson, en su Introducción al Haiku (Nueva York, 1958), se nos dice: Y en las manos de un maestro, un haiku puede ser la esencia concentrada de la poesía pura. Este poemario es el ejemplo.
      La exaltación de la naturaleza, del paisaje, la mirada a nuestras calles, la comunicación con el otro, la admiración por la rosa, el mar, el cielo, el horizonte, la brisa, la hoja o el verde de los campos son elementos que atrapan nuestra mirada y reciben nuestros elogios. En esos elementos maravillosos se detiene también la mirada del autor lamentando la desidia [...]

 Del artículo Cantares de flores nuevas de Antonio García Velasco, por Ana Herrera Barba.

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Lo que hay detrás de la vergüenza 

reseña literaria (04.01.2021)

reseña de la novela de Salman Rushdie por Adán Echeverría
      Vergüenza es una novela de Salman Rushdie (escritor indio-británico nacido en Bombay en 1947) y fue publicada en 1983. En ella el escritor reúne la vida de tres familias que, en diversos momentos, toman el poder/gobierno de Pakistán o viven cercanos a él. «Sabido es que el término Pakistán, un acrónimo, fue ideado originalmente en Inglaterra por un grupo de intelectuales musulmanes. P por los punjabíes, A por los afganos, K por los cachemiros (kashmiris), S por Sind y el ‘tan’, según dicen, por el Beluchistán», señala Rushdie dentro de la obra.
      Sin embargo, al leer la novela uno cae en cuenta de la similitud que se tiene con todos los países que con el tiempo se han ido liberando del colonialismo europeo, para caer ante gobiernos que lo único que han perseguido es obtener riquezas al ostentar el poder [...]

 Del artículo Lo que hay detrás de la vergüenza (novela de Salman Rushdie), por Adán Echeverría.

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Quizá (y otros poemas) 

poesía (06.01.2021)

poemas por Rafael Ureña Egea
Nada siento.
Nada espero.

La tierra es sueño;
la muerte, el desvelo.

Pero mis huellas,
¿serán eternas, o perecerán
bajo el peso del tiempo?

 Del poema Incertidumbre, por Rafael Ureña Egea.

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Hoy me resbalé en el baño

relato (09.01.2021)

relato por Andrés Serrano
      Imagina un baño blanco, completamente blanco y reluciente con unos cuantos azulejos rotos manchados de sangre. Ahora imagina un hilo de sangre que se va por el sifón mientras la ducha sigue con lo suyo, arrojando agua caliente. Bien, pues ahí estaba yo, tirado luego de resbalarme estúpidamente con el jabón que estaba en el suelo como esperando pacientemente desde la eternidad a que mi pie arrugado lo pisara. Mi cabeza chocó violentamente contra uno de los azulejos que en el acto se rompió como mi cabeza de chorlito o como una cascara de huevo. Al contacto vi un millar de pequeños puntos luminosos en la parte de atrás de los párpados antes de que un torbellino de oscuridad me devorara. Luego mi mente me vomitó completamente desnudo en un mundo colorido del que salían al vuelo corazones rotos con alas de moscas y picos de colibríes [...]

 Del relato Hoy me resbalé en el baño, por Andrés Serrano.

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Una carrera continua

relato (11.01.2021)

relato por José Luis Cubillo
      Corría desde siempre. El primer recuerdo que tengo de mi vida es corriendo muy pequeño por los alrededores de la casa de mis padres en las afueras de la ciudad. Eran huertas dispersas, un gran descampado, terraplenes con regatos serpenteantes entre las cárcavas de su fondo, cuevas horadadas en las pendientes que no se sabía dónde iban a dar, antiguas canalizaciones de agua de varios kilómetros, abandonadas por entonces, enormes y fragmentadas, que permanecían en los altozanos del campo como vientres de ballenas varadas, parajes llenos de misterio donde la aventura podía surgir en cualquier momento. Corría por ellos sin cansarme nunca y cada vez más lejos y más rápido, impulsado por una irresistible necesidad que me venía de dentro de divertirme y de conocerlo todo.
     Nunca le di ninguna importancia al hecho de correr. Cuando fui al colegio, en la clase de gimnasia, era el que más corría. A veces, con motivo de alguna fiesta escolar, se hacían competiciones entre los distintos cursos y siempre ganaba. Tenía mi propia estrategia. Al principio me colocaba en [...]

 Del relato Una carrera continua, por José Luis Cubillo.

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Guía universal para sensibilizar al público sobre las frustraciones de los relatos

artículo (12.01.2021)

artículo por Giacomo Perna
      Los relatos no deberían llevar ni títulos ni fechas. En efecto, no deberían llevar nada más sino las palabras con las que se quieren revelar a los demás, despojándose de las superficialidades. Pero lo que pasa es que todos los relatos tienen su propia personalidad, lo que obviamente influye sobre la manera en que le aparecen al público. Sería injusto y algo cruel obligarlos a no expresar su yo, e iría seguramente en contra de los dictámenes teóricos de la sociedad contemporánea pseudoacogedora y liberal, que esgrime su espada afilada en favor de la libertad de expresión (pero no desdeña una sana y satisfactoria crítica irracional y destructiva hacia los que se expresan). Fuertes de su libre albedrío, los relatos se deleitan en estrenar sus poliédricas peculiaridades según sus gustos recónditos. Muchos de ellos se bautizan con títulos pomposos y llamativos, embriagándose en los revuelcos de su propia vanidad y narcisismo, aun sabiendo que un nombre propio es cualquier pendejada, y no hace falta para definir las cosas. Otros deciden registrar su nacimiento, tal vez buscando la afirmación de su existencia en la proclamación irrefutable de su origen en el tiempo, a pesar de haber constatado desde antaño la inutilidad cósmica de las fechas, que solo adquieren a las cosas adjetivos tipo «nuevo» o «viejo» o «futuro» o «remoto» (qué inutilidad). Otros, perturbados por la incertidumbre, afilian su esencia a nombres famosos para alcanzar la gloria, relegando su procedencia a una firma de tinta negra en papel blanco, tal vez para alcanzar la notoriedad o para el menester de un parentesco, ligándose eternamente a una figura de carne y huesos, denegando su independencia identitaria y su pertenencia a la vastedad del infinito sin ságomas. Algunos relatos, tal vez los más engreídos, se arropan de [...]

 Del artículo Guía universal para sensibilizar..., por Giacomo Perna.

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Luis Benítez

entrevista (14.01.2021)

entrevista a Luis Benítez, por Rolando Revagliatti
[...] 4: ¿De qué artistas te atraen más sus avatares que la obra?
LB: De ninguno. Detesto que se ponga en primer plano lo que un tipo padeció, dijo, hizo o intentó, cuando lo que me interesa primordialmente es su obra. Sobre todo, cuando la subrayada referencia alude a sus vicios y miserias, que parecen empaparse de grandeza solamente porque le corresponden a un genio. Siempre es más fácil imitar de algún grande las flaquezas que los méritos. Pero, aunque Dylan Thomas era un borrachín, no cualquier borrachín puede ser Dylan Thomas.
5: ¿Lemas, chascarrillos, refranes, proverbios que más veces te hayas escuchado divulgar?
LB: El buey solo bien se lame, ese es mi favorito.
6: ¿Qué obras artísticas te han —cabal, inequívocamente— estremecido? ¿Y ante cuáles has quedado, seguís quedando, en estado de perplejidad?
LB: El Jardín de las Delicias, de El Bosco, la primera vez que lo vi en el Museo del Prado. Yo estaba dando vueltas por la sala contigua y como quien no quiere la cosa, mi mujer me llamó desde la siguiente, sin decirme de qué se trataba. Fui hasta donde ella estaba y me lo señaló, sin agregar nada. Fue un shock ver las tres tablas allí, cubiertas de tanto universo. Y también, en Roma, las ruinas del palacio de Augusto, rojas sobre el Monte Palatino. Y el Palacio de Cnosos, en Creta, con sus 4.500 años de antigüedad, pimpante y absoluto a un costado de la ruta. Y Micenas, en Grecia continental, con la «tumba de Agamenón» (donde nunca fue sepultado Agamenón) junto a la Puerta de los Leones. Todo lo que desde niño leí sobre estos sitios y esa pintura, vinieron a mi mente en esos sendos momentos y cada vez que los recuerdo, como ahora cuando escribo sobre ellos, me sacude algo maravilloso, no hecho de palabras sino de sensaciones poderosas [...]

 De la entrevista al escritor argentino, por Rolando Revagliatti.

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Dímelo tú, Cotard 

poesía (17.01.2021)

poemas por Alsino Ramírez Cañar

¿Habré despertado ya?
Presumo que mis venas siguen allí,
que aquel reflejo sobre la cucharita
del café es mío,
creo que estoy atrapado
en un nido prehistórico de órganos y silencio,
hay guijarros blancos y rojos
que serpentean a mi paso.

¿Seguro he despertado?
Sospecho de... [...]

 Del poema Dímelo tú, Cotard, por Alsino Ramírez Cañar.

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Ladrones de tumbas

relato (20.01.2021)

relato por Francisco Juliá Moreno
      El profesor William P. Johnstone había recibido, en 1915, un permiso de la universidad para investigar en el Ashmoleam Museum de Oxford, entre los papiros de Oxirrinco. Aquella era una oportunidad largamente esperada. Significaba un espaldarazo profesional que lo distinguiría, entre la muchedumbre de filólogos sin lustre, en el estudio de los clásicos. Por profesión, dominaba con soltura latín y griego, y esperaba encontrar entre aquella ingente aglomeración de legajos la recompensa de algún papiro traspapelado, con cierta obra ignota de Eurípides, Calímaco o cualquier reputado clásico. El hallazgo de Oxirrinco supuso un revulsivo en el estudio del mundo antiguo. Excerptas de Aristóteles, retazos de comedias de Filemón y Menandro, alguna tardía tragedia incompleta de Eurípides, opúsculos de Filón el Hebreo y el encanto pastoril de Teócrito habían sido sustraídos del olvido. La luz del amanecer había rescatado de las tinieblas seculares el esplendor antiguo. Johnstone no pensaba ser menos que algunos de sus colegas en esta cuestión y no dudaba que sus pesquisas darían un valioso fruto. Planeaba tropezar con algún texto excepcional que diera para una monografía que justificara sus esfuerzos y ayudara a consolidar su carrera.

      Con minuciosidad erudita examinaba aquellos antiguos rollos, que había que tratar casi con la delicadeza del entomólogo, cuidadoso de que no se le pulverizaran las alas de la crisálida vegetal entre sus pinzas. En sus manos cayeron cuantiosos papiros sin valor que, si bien despertaban la curiosidad filológica, no justificaban su estudio exhaustivo ni atesoraban mérito suficiente para emprender el análisis ni pergeñar el boceto de ningún estudio previo. Así, día a día, Johnstone visitaba el Ashmoleam y se zambullía en el maremagno de papiros, buscando como entre flores marchitas un capullo aún fragoso sobre el que volcar toda su atención y que fuera digno de su cultivo. Una tarde, cuando ya desesperaba en la infructuosa búsqueda, y especulaba con regresar de nuevo a casa con las manos vacías y temeroso de su fracaso, revolviendo en unos delgados rollos que considerara de menor enjundia, en su mayoría recopilaciones de himnos paganos de poetas menores y pequeños tratados sobre faenas agrícolas, dio con un escrito, bastante bien conservado, en prosa griega de la Koiné, recogido por el erudito alejandrino Ennio Flamígero, quien fue bibliotecario en la ciudad del Delta durante el reinado de Ptolomeo V Epifanes. Por lo que nos ha restado de su escaso legado, situaríamos a Flamígero como compilador de obras rescatadas de la tradición clásica. El escrito presente carecía de título y remontaba a la época de un Egipto de los primeros lágidas. Se ajustaba a la estructura narrativa canónica del Shinué, vestigio del imperio medio, adoptando todas las características de un relato novelado arcaico. Tal vez no fuera más que un pasatiempo profano encargado de amenizar las tediosas tardes palaciegas, pero ahí radicaba su interés. Entusiasmado con su hallazgo, Johnstone comenzó a leer, anhelante y ávido. El texto carecía de introducción y debieron perderse los preliminares ruegos e invocaciones a los dioses acostumbradas.

      Desde los primeros renglones Johnstone perdió su reserva crítica y se dejo llevar por la amenidad del relato, más allá de todo análisis. El texto decía así: [...]

 Del relato Ladrones de tumbas, por Francisco Juliá Moreno.

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