lunes, 26 de octubre de 2015

Memorias de un viejo adolescente


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Volver al pasado para
narrar en primera persona
los duros años de la Guerra Civil


Hay personas que dejan con su ausencia un gran silencio y, sin duda, Miguel LLuch, es una de esas grandes figuras que el mundo echará de menos. Su legado cultural y su inquietud creativa marcarán para siempre las páginas de la vida cultural e intelectual de nuestro país. El director de cine y televisión, Miguel LLuch, se despedía hace escasamente unos meses de la vida, y lo hacía trabajando hasta el último momento en un proyecto que le ha llevado toda la vida, porque es la suya, Memorias de un viejo adolescente, publicado por Editorial Círculo Rojo, narra, en primera persona, los recuerdos de la niñez y adolescencia de Miguel LLuch desde los prolegómenos de la Segunda República hasta el final de la Guerra Civil española.
Miguel LLuch era director y escenógrafo, pero también dibujante y grafista. Un «todoterreno» capaz de adaptarse a cualquier situación. A lo largo de su vida supo combinar el trabajo en el cine y la televisión con las artes gráficas, el dibujo y la pintura.
Colaboró en la revista Índice, ilustró libros, como por ejemplo la primera edición del libro Los niños tontos, de Ana María Matute. En su faceta como director de cine, dirigió más de una docena de películas, cubriendo prácticamente todos los géneros, la mayor parte de ellas en el seno de la productora IFISA. A mediados de la década de los setenta se incorporó como realizador fijo de TVE, encargándose de multitud de programas en todos los géneros. Estos son solo algunos datos de la impresionante carrera de Miguel LLuch, quien dedicó los últimos años de su vida a recuperar su pasado a través de las letras. Él decía: «Se ha contado la guerra desde tantas perspectivas, por expertos, historiadores, militares y eruditos pero me parecía que no había muchos testimonios de personas que lo vivieron, que estuvieron allí. He querido aportar mis recuerdos a través del prisma del niño y adolescente que yo era entonces».
Memorias de un viejo adolescente es el reflejo, según explicaba el autor, de «una época especial. Los años inmediatamente anteriores a la Guerra Civil y la propia Guerra, vista y relatada por mí, que fui testigo ocular de los hechos. Quería describir esa época única en la historia de España desde mi perspectiva de entonces».
Lluch explicaba que en su obra «cuento como yo, un niño de familia acomodada de la burguesía catalana, con trece años paso a trabajar en el sindicato UGT de pintores, para ayudar a mantener a mi familia. Describo nuestra lucha por adaptarnos a los nuevos tiempos a la vez que, en el plano personal, doy el paso de niño a adulto. No sólo soy testigo, sino protagonista, de los cambios políticos y sociales que tuvieron lugar en Cataluña, y especialmente en Barcelona, entre los años 1929 y 1939. Por fortuna, tuve la oportunidad de trabajar al lado de algunas personas extraordinarias de la vida cultural de la época. Aprendí a dibujar con los grandes artistas de la Cataluña roja, Gerardo Lizarraga, Paco Rivera y José Fogués. Se publicaron mis primeros dibujos en la revista infantil L’Estel, me felicitó el propio Presidente de Catalunya, Lluis Companys, por mi aportación a una maqueta para la ópera Pedro Mari, estrenada en el Liceo, y trabajé en el cine, en la productora Ediciones Antifascistas, que luego fue mi profesión y mi pasión» [...].



ESTE ARTÍCULO
SE PUBLICÓ en la Revista Almiar gracias a la colaboración inestimable de
Maria Gustafsson y la Editorial Círculo Rojo.
El libro Memorias de un viejo adolescentelo puedes adquirir PULSANDO AQUÍ
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simbolo_i Ilustraciones artículo: Dibujos por Miguel Lluch © (portada: auto caricatura del autor).
Imágenes remitidas por la escritora Maria Gustafsson.
Para contactar con ella entra en su PÁGINA WEB

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