lunes, 26 de octubre de 2015

El constructor que amaba a las mujeres



por
David García Molina
 
 
En torno al río Cinca, en la provincia de Huesca, hay un lugar recóndito que ejerce un influjo inexplicable. Apenas treinta kilómetros separan el Santuario de Torreciudad, centro del Opus Dei, del Templo budista Dag Shang Kagyu: que religiones tan dispares se hayan asentado aquí, confirma el magnetismo de la zona. Una tarde de verano de 1988, un suizo llamado Kurt Fridez alcanzó en bici el alto de La Collada. Desde ese balcón divisó, sobre un risco, el pueblo deshabitado de Pano. La luz lánguida del atardecer coloreaba de mostaza los muros de las casas confundiéndolos con las paredes verticales de la peña. Este es mi lugar, pensó Kurt.

María Luisa
Con diecinueve años, Kurt se trasladó de Basilea a Ginebra para estudiar delineación. En esa época, mediados de los sesenta, los últimos habitantes de Pano emigraban a las ciudades y dejaban desierto el pueblo. Tristes montañas, dice Kurt y es como si su pelo cenizo se apagara más al pronunciar esas palabras. Las personas no pueden imaginar lo duros que eran los inviernos aquí. Fue lógico que se marcharan.
Tras acabar su formación, Kurt trabajó como encargado en una importante empresa en la que adquirió conocimientos de arquitectura e ingeniería que le prepararon para entrar en el negocio de su padre, una firma de sanitarios. 
Una de sus aficiones es la música clásica. Fue en la escuela de canto donde conoció a María Luisa, una mezzosoprano siete años mayor que él. Nos casamos enseguida, yo era un niño aún. Al principio todo fue bien, pero...

http://www.margencero.com/almiar/todas-esas-cosas/ (leer más)
Ilustración relato: Fotografía por David García Molina ©
 

No hay comentarios: