lunes, 26 de octubre de 2015

Danto, un producto de su mundo


Danto, un producto de su mundo (leer)


por
Mario Rodríguez Guerras


Toda autoridad acaba convertida en autoritarismo. Y toda organización, en un clan. La finalidad de la organización relega sus objetivos fundacionales a un lugar secundario debido a que la propia actividad emprendida para alcanzar sus fines acaba por tener más importancia que los fines. Las relaciones personales y los compromisos condicionan las acciones inmediatas que resultan ser los objetivos casi únicos.
Con el tiempo, los intereses personales y la trascendencia social de la organización establecen las condiciones de pertenencia al clan. Yo he podido ver cómo los miembros de una asociación votaban en contra de sus propios intereses solo para no contradecir la opinión de la presidencia, opinión que acababa por convertirse en imposición. Esos hombres eran víctimas del síndrome de Estocolmo y no lo sabían. Los fines fundacionales se habían perdido pero el compromiso de los miembros con el clan había quedado establecido y fortalecido. Por el contrario, la defensa de una identidad conlleva el enfrentamiento con quienes no forman parte del grupo o de las ideas predominantes: Los extraños son perseguidos.
En el mundo de los sabios, que constituye un clan como lo es todo grupo de ciudadanos bien avenidos con unos fines comunes y una organización, la función original es dar respuesta a las cuestiones de su ámbito, en el caso que nos ocupa, la de alcanzar una definición del arte. Y, aunque relegada, esa función debe ser atendida
Pero parece que a tan amplio grupo de sabios se les resiste la verdad. Sus exposiciones son, o bien tautologías, o bien descripciones parciales, o bien interpretaciones personales carentes de fundamento. Tal es la imperfección de sus teorías que...

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Ilustración artículo: Fotografía por Pedro M. Martínez ©

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