domingo, 22 de diciembre de 2013

Freud y Kafka: Criminales por sentimiento de culpabilidad *



En torno a la crueldad,
el sabotaje y
la auto-destructividad humana
por
Adolfo Vásquez Rocca


Para Valentina V.

[...] Toda la obra de Kakfa está atravesada por el tema del juicio, el proceso y la condena; el universo kafkiano es el de las maquinarias burocráticas, despersonalizadas e implacables; un mundo de delatores, víctimas y victimarios. Burocracias; una pesadilla laberíntica donde se admite una culpa de contornos difusos, que —precisamente— por ello reviste un carácter angustiante, incoherente y absurdo. Es pues Kafka quien a la par que Freud, se referirá a los criminales por sentimiento de culpabilidad, donde la culpa preexiste a la falta y en cierta manera la genera.

«
El tribunal no te acusa, no hace más que recibir la acusación
que tú te haces a ti mismo
». (G. Agamben)


La obra de Franz Kafka, mundo de antihéroes, víctimas y victimarios, constituye la mayor contribución artística y literaria a la conceptualización del complejo mecanismo psicológico de la culpa. La obra de Kafka se alimenta de lecturas y motivos freudianos: el miedo, el absurdo y la culpa. Así el protagonista de El Proceso o en El Castillo siente constantemente una amenaza, un constante acecho… Personajes anodinos, viscosos, funcionarios, cada uno enmarañado en sus justificaciones y rutinas.
En la convivencia humana normal —no patológica— la autojustificación o la autodefensa siguen a la acusación; en el universo literario kafkiano —en cambio— la autojustificación precede a la acusación, cuya sustancia velada nunca se precisa por parte de los captores, representantes de la Ley —la que aparece como un Poder sin rostro, difuso y abstracto…, siempre dilatorio—, ante la cual alegatos y parlamentos ante innumerables tribunales generan un engañoso sentimiento de avanzar en la causa, pero de no salir jamás de su opresiva atmósfera.
Adelantándose a los trabajos Michel Foucault tanto Freud como Kafka describen un poder anónimo e impersonal: no se conocen nombre ni rostro.
Todo hace creer que el pecado de Joseph K. es otro. El suyo es la culpa sin nombre y sin motivación, la culpa ineluctable, ni lejana ni cercana, que nadie ha cometido ni en los albores de la tierra, y que puede pesar sobre muchos hombres, como un ala de tiniebla, como una mancha de la cual nunca lograrán lavarse ni el corazón ni las manos. Su pecado, en una palabra, es el atroz sentido de culpa que durante toda su vida torturó a Franz Kafka.
En el primer capítulo de El Proceso, cuando Joseph K. es acusado sin causa alguna y formalizado detenido sin ser retenido en prisión, uno de los guardias le dice algo siniestro y turbador: Nuestras autoridades… no buscan la culpa entre las gentes sino que, es la culpa la que las atrae… Esta máxima es una perfecta definición del sentimiento de culpa que en un momento dado Freud formula en los siguientes términos: «[...] la conciencia de culpa preexiste a la falta; la falta no procede de ella sino que es a la inversa —la falta proviene de la conciencia de culpa. A estas personas es lícito designarlas como 'criminales' por sentimiento de culpabilidad».
Un culpable… es reconocible en medio de una multitud, y esa culpa, como dice un personaje de Kafka, «por sí sola atrae sobre ella la justicia». La culpa les hace «bellos».
Los acusados son precisamente los más atractivos. No puede ser la culpa lo que los hace atractivos, porque —así tengo que hablar al menos como abogado— no todos son culpables; tampoco puede ser el castigo futuro el que los hace ya atractivos, porque no todos son castigados; por consiguiente, solo puede ser el proceso iniciado contra ellos lo que de algún modo trae eso consigo [...].


2.- Criminales por sentimiento de culpa o «Los que delinquen por conciencia de culpa»

«[...] la conciencia de culpa preexiste a la falta;
la falta no procede de ella sino que es a la inversa
—la falta proviene de la conciencia de culpa. A estas personas es lícito
designarlas como 'criminales' por sentimiento de culpabilidad
».

Freud, S.


El hombre es culpable; intencionalmente es un criminal, su crimen reside en la fantasía y en los deseos culpables de la infancia, porque la pulsión de muerte exigió y obtuvo, de una u otra manera, una satisfacción. Las satisfacciones disfrazadas, secretas, latentes se manifiestan por síntomas: la culpabilidad es asimilable a esos síntomas. La institución ya semi-neurótica de un acusador, de un fiscal del otro, del superyó es el agente de la pulsión de muerte [...]

* (Extracto del artículo de mismo nombre, por Adolfo Vásquez Rocca - LEER ARTÍCULO COMPLETO)
      

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