miércoles, 28 de marzo de 2007


El talento y el valor, por Guillermo Ortiz
Nacho Vigalondo, entre los Gremlins y Philip K. Dick

... Nacho y yo nos vemos en el café Manuela, de Madrid, dos días antes de que vuele a Los Ángeles para asistir a la entrega de los Oscar con su amigo Borja Cobeaga. Ha votado porque, efectivamente, es académico. «Cada académico vota su rama», me aclara. Desde luego, está nervioso, ansioso, inquieto, «es uno de esos días», aclara. Me temo que la cosa viene de lejos, desde que acabó con el rodaje de Los cronocrímenes y cada día es un día más sin que la película se estrene.
Quizás tenga miedo a que le hagan como a Koldo Serra: un sabotaje en toda línea, una distribución nula, un pre-estreno de martes noche.
Nacho tiene un punto esquizofrénico, como su amado Philip K. Dick, una doble personalidad de observador y personaje, director y actor. Es conocido, desde luego: acaba de firmar con El País para mantener un blog en su versión de Internet... (leer artículo)

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